A las 6:30 salimos a coger la Calesa para ir al Templo de Horus. ¡Qué aventura!, no se cómo siempre a los 5 nos tocaba todo lo más pequeño, (la habitación más pequeña, el grupo más pequeño, la calesa más pequeña…). La calesa era sin duda insuficiente para llevarnos a los 5 (¡y al calesero, que estaba bien gordito!). Todos íbamos con las rodillas cruzadas con el compañero de enfrente, Sherif sentado con el calesero y riéndose mucho, y el pobre burrito… no podía casi con nosotros, menos mal que íbamos despacito.
Templo de Horus

Vimos por el camino la vida en Edfú, un pueblecito pequeño, y sus habitantes. Los hombres en los bares tomando té y fumando la shisha, mujeres haciendo pan en la calle, muchas fotocopiadoras por la acera y niños saludándonos muy sonrientes.
Los demás carritos nos adelantaban, salimos de los primeros y no exagero si digo que llegamos los últimos.
Y después del viaje tan especial en calesa llegamos al Templo de Horus.

Con razón dicen que es de los mejor conservados, parece que estábamos en la época original. Sherif nos cuenta todo lo necesario para ubicarnos, entramos, vamos recorriendo los pasillos laterales como los fieles de la época, esto es algo nuevo en los Templos y llama mucho la atención. Vamos viendo y comentando los relieves.
Templo de Horus

Con Sherif aprendemos a mirar los relieves lateralmente, los grupos grandes hacen mucha presión y ocupan todo el sitio, pero nosotros nos buscamos una ubicación para poder disfrutar también de ellos. Muy interesantes sus historias.

Nos deja tiempo libre, hacemos algunas fotos y nos sentamos en la sala principal simplemente a mirar. A la salida nos perdemos, salimos y entramos varias veces hasta encontrar a nuestros compañeros.
Pasamos por el mercadillo y me paro un segundo a mirar unas sandalias… ya sabemos lo que eso significa. Me meten en la tienda (pero literalmente), luego cogen a Javi. Las sandalias son muy bonitas, de piel roja, pero no queremos comprar hasta llegar a Kom-Ombo. Es inevitable, empezamos con el regateo “cuanto señor, cuanto amigo” el precio de salida fueron 20 euros. Como era muchísimo, Javi salió de la tienda, me deja dentro y yo lo llamo. ¡La que se armó! Todos los vendedores oyeron su nombre y a partir de ahí lo único que se oía en todo el mercadillo era “¡Javi, Javi, amigo Javi!”
La situación era muy graciosa, Javi sin interés de regatear pero viéndose obligado. Continuamos andando hacia la calesa con un reguero de vendedores persiguiéndonos y el dueño de las sandalias con ellas en la mano. Al final, se las dio por 4 euros, y todos tan contentos. “Buena compra” nos dice Sherif… ¡qué divertido!
Otro paseito con el pobre burrito, vamos para el barco. Ahora hay mucha más vida en la calle, hay muchos más niños que parece que van al colegio, nos saludan todo el tiempo, y los adultos también nos saludan al cruzar la calle. Nos piden bolígrafos, pero no llevábamos ninguno.
Crucero por el Nilo

Embarcamos y salimos camino de Kom Ombo, esta tarde visitaremos el templo del dios cocodrilo (Sobek).

Quedamos en el bar del barco con Sherif y los compañeros de grupo Rafa y Chelo para hablar de las visitas facultativas que podemos coger. Como Sherif nos va a acompañar en todas decidimos coger todas las que hay (Rafa y Chelo no cogen Menphis y Sakkara), tenemos toda la información necesaria para hacerlas por libre pero nos apetece seguir con él, porque con él las cosas tienen otro color, y en eso estamos todos de acuerdo. Serán al Pueblo Nubio, Museo de El Cairo, luz y sonido en Philae, Menphis y Sakkara, la Ciudadela, Mezquita de Alabastro y Mercado de Khan el Khalili.
Hace un sol resplandeciente, nos subimos a cubierta en bañador y nos echamos a descansar mirando el Nilo, sus aguas y sus orillas. Pasamos por casitas pequeñas, vemos pescadores, gente, barcas, pájaros, burritos y un grupo de niños y niñas de unos 3 y 4 años que nos llaman con unos gritos muy agudos, dando saltitos, con mucho énfasis. Somos los únicos que nos acercamos a la barandilla a saludarlos, les digo adiós con la mano hasta que no los veo… que simpáticos, tan pequeños…
¡Qué calma navegar por el Nilo! Pensamos en Madrid… deben estar a 1 ó 2 grados… nosotros al menos a 30. Es un placer.
Llega la hora de bajar a comer, nos vestimos y en el comedor nos espera Aladino, nuestro camarero, nubio y simpatiquísimo, no para de hacernos bromas, hace como que no nos entiende, como que se le olvida lo que le pedimos, me intenta retirar el plato de postre antes de que termine porque sabe que me enfado porque el postre es lo que más me gusta, para que yo le riña cariñosamente, pero es un encanto y sabe lo que cada uno quiere y lo sirve con mucho cuidado. “Buen provecho habibi”, nos dice cada día. “¿qué tal todo? ¿Comida bien? ¿Viaje bien?”
Después de comer, un breve descansito, el té y salimos a ver el templo de Sobek. Lo tenemos en frente, vamos andando y pasamos por el Mercadillo, todos los vendedores nos esperan impacientes, nos ofrecen de todo, pero seguimos nuestro camino hacia el Templo, porque va anocheciendo.
El Templo está lleno de verdad, muchísima gente de todos los barcos, nos hacemos un huequito y vamos viéndolo poco a poco. Sherif nos va colando por huequitos (otra cosa buena de ser un grupo pequeño), pasamos a ver los relieves que más llaman la atención de este Templo, los de los instrumentos quirúrgicos que siguen usándose hoy día… no hay palabras. Y nuestro tiempo libre para pasear y sacar fotos. Sherif se despide, nos vemos en el barco.
Esta noche es la fiesta de la Chilaba en el barco, y tenemos que comprar todo lo necesario. Es casi imposible decidirse por una, todos los vendedores nos hablan sin parar, nos llevan dentro de sus tiendas, nos quieren convencer de que venden lo mejor. Javi se fija en una chilaba de hombre muy bonita, pero el vendedor se da cuenta de que le gusta y no habrá manera de sacar un buen precio. ¡Nos pide 35 euros! Y no hay manera de que baje. “Amigo, yo no ladrón, yo buena tela, buen hecho, tu comprar”…imposible, vamos a buscar la misma en otro sitio.
Unos puestos más adelante nos la ofrecen. Con cara de que no es gran cosa Javi pregunta el precio, dice que es mucho y miramos otra para mí. Me gusta una burdeos muy sencilla para una amiga de España y empezamos a negociar. Se quedan en 14 euros las dos después de mucho discutir y casi irnos. Son bonitas, estamos contentos, pero falta una para mí. Buscamos una blanca, y casi en el último puesto la encontramos.
Me encanta, nos piden 25 euros y Javi les ofrece mi reloj (que es de propaganda… lo llevaba a propósito puesto para cambiarlo) y con el reloj y 3 euros nos llevamos la mía, que es preciosa. Se nos acerca un niñito de unos 5 años con pulseras de escarabajo, 7 un euro (sabemos que podíamos pedirle 10 ó 12, pero es tan mono y tan simpático que aceptamos la oferta), las compramos y le regalamos 3 bolígrafos y piruletas. Al ver los bolígrafos todos los vendedores se vienen corriendo hacia nosotros, y salimos casi literalmente huyendo hacia el barco porque tienen mucho ímpetu. Cuando llegamos a la zona de paso al barco Sherif está sentado esperándonos y frenamos, nos ve llegar con los vendedores detrás y a mí dándole piruletas a un niño pequeño a la vez que escapando de la persecución. La situación es muy graciosa, le enseñamos la compra a Sherif y nos dice que ya hemos aprendido, la chilaba de Javi está muy bien y en conjunto el precio es bueno.
Fiesta de la chilaba (Sherif en el centro)

A la cena hay que ir ya con la chilaba puesta. Una buena ducha, las chilabas y preparados. Vamos a la tienda del barco a por los tocados, nos los venden, nos los ponen y ya estamos listos. Vemos a toda la gente del barco vestida para la ocasión, estamos todos guapísimos, y en el comedor es genial el ambiente.

Cuando la cena termina los cocineros y camareros nubios salen con una tarta para un cumpleañero y con panderos, panderetas, darbukas y ahí comienza la fiesta. Sale gente a bailar, y los que nos quedamos en la mesa giramos las servilletas en el aire dirigidos por un cocinero.
Terminamos la cena y tenemos una pequeña reunión con Sherif que nos cuenta que al día siguiente no puede venir a Abu Simbel, van a hacer grupo único y claro, como es el guía más joven no lo van a dejar encargado a él (eso no nos lo dice así, pero está claro)… no nos gusta la noticia, ni el que sea gran grupo ni el que venga otro guía, pero no hay manera de cambiarlo. Acabamos bromeando con él por lo afortunado que es por no tener que levantarse a las 2:30 de la mañana.
Y llegamos a la fiesta. Casi todo el mundo está bailando en la pista, nosotros preferimos mirar, pero Sherif en cuanto nos ve entrar nos coge a Javi y a mí de la mano y nos lleva a participar en el baile. Hay un pequeño círculo y ni corto ni perezoso Sherif sale al centro, luego saca a Javi que se queda un rato solo bailando y al final terminamos el baile él y yo en el centro (he de decir que me limitaba a imitar sus pasos, porque tenía mucho más salero que yo).
Bailarines nubios

Luego salieron los camareros nubios a hacer unas coreografías, muy graciosos, los bailes, muy sencillos, me parecían muy originales y les saqué algunas fotos.

La última parte de la fiesta fueron juegos de grupo e individuales. Y como anécdota cuento aquí que salí del último juego con un buen coscorrón (había que coger una cuchara del suelo al parar la música y la gente se lo tomó muy en serio). Fui la primera en ser eliminada y a los dos días tenía el ojo totalmente morado, del coscorrón… un buen recuerdo. Estuvimos allí hasta que pusieron música española de discoteca… nos iban a despertar a las 2:30 y ya eran casi las 12.
Releo cada día que escribo y parece que lo vivo otra vez, es increíble cuantas cosas vivimos en una semana…