A las 8:30 ya estábamos en camino. Íbamos en un barquito a la Isla Elefantina. Nos unimos dos grupos pequeños, el nuestro y otro de 5 personas con su guía en el mismo barco.
A mitad de camino unos niños que iban en una barquita se engancharon a nuestro barco, “¿españoles?” sí, y como si le hubiéramos tocado un resorte empezaron a cantar a coro “Porompompon… dale a tu cuerpo alegría Macarena…Chely te quiero, Chely yo te adoro…” nos hicieron mucha gracia a la vez que nos dábamos cuenta de la situación. Me acordé que había leído en el foro que esto pasaba y antes de que se soltasen les di una propinilla. Se fueron remando con un trozo de madera hasta otro barco de turistas…
¡El poblado nubio nos espera!
Nada más desembarcar 10 ó 15 niños y niñas llegaron como locos a saludar: “Hola guapa, hola ¿Cómo ti lliama? Yo la Sara, luego tù comprar la Sara, no otra niña”…y nos enseñaban unas muñequitas de diferentes colores que vendían.
Shisha en la casa nubia

Todos decían más o menos lo mismo, y todos decían llamarse Mohamed y Sara. Sherif nos dirigió hacia un colegio y allí recibimos una clase de Nubio. Menos mal que no me sacaron a la pizarra porque no conseguía memorizar con el sueño acumulado ni una sola letra.

Entramos a una casa familiar donde nos estaban esperando para invitarnos a té. También sacaron una shisha. Nosotros no fumamos pero había que probarlo. Nos reímos mucho porque con dos veces que inspiré el humo me mareé muchísimo y casi no podía levantarme. Luego nos hicieron un tatuaje con Henna que llevo todavía, aunque han pasado ya 12 días, pero me lo he cuidado porque me encanta.
En esta casa nubia había cocodrilos, porque consideran que les dan suerte, y nos atrevimos a coger un ratito alguno pequeñito (bueno, Javi lo cogió y yo lo acaricié).
Tatuaje de Henna en la casa nubia

Salimos a dar un paseo por el poblado. Otra vez los niños nos acompañaban por el camino. Compré a “mi Sara-Mona-Lisa” una muñequita de las que todos llevaban. Y repartí todos los caramelos que llevaba y algunos bolígrafos. Todos quedaron muy contentos.

Llegamos al barco y fuimos hacia una playita en el Nasser para quedarnos allí un rato tranquilitos, Chelo y Rafa fueron en camello, yo no me atreví. Tanto meneo de golpe no me apetecía, y además, había visto a los camellos correr por la playa con turistas encima. ¡Menuda foto! Javi se quedó conmigo en el barco y luego en la playa un ratito. La arena era finísima, no he visto otra igual.
Cocodrilo en la casa nubia


Aquí tuvimos otro ratito de regateo, de la nada apareció un hombre graciosísimo vendiendo muchos collares. Me gustó uno para llevárselo a mi madre y Javi empezó el regateo. Al final nos dejó un buen precio “porque feliz año, Azu guapa y Javi tacaño”. Y se llevó 8 bolígrafos, ya que decía que tenía 8 hijos.
Volvimos al barco. Sherif se despidió un momento, nos dijo que iba a rezar (era viernes) y que luego nos veíamos.
Subimos a la cubierta mientras llegaba la hora de comer y nos sentamos tranquilamente con Chelo y Rafa. Al rato vimos aparecer a Sherif, que volvía de su rezo, y empecé a llamarlo a gritos desde la cubierta “¡¡Sherif, Sherif, hooolaaa Habibi!!”. Como si hiciera mil años que no nos veíamos. Un momento muy cómico para reírnos todos. Subió un rato a charlar con nosotros antes de la comida y Pablito se nos incorporó.
Después de comer teníamos tiempo libre hasta las 18:30 que salíamos para el Aeropuerto. La mayoría de la gente se quedaba en el barco, pero a nosotros Sherif nos propuso salir todos juntos a dar una vuelta, para ver un poco Assuan y sus gentes, tranquilamente.
Paseando por Assuán. De izq. a der.: Javi, Rafa, Chelo y Sherif.

Caminamos un buen rato charlando y llegamos a una zona de barecitos en los que no había ni un solo turista, nos sentamos en uno a tomar un té con menta y Sherif se pidió una shisha. El camarero no hablaba nada de español, y se entendía directamente con Sherif. Nos encantó el sitio justo porque no era para turistas. Las únicas mujeres que estábamos allí éramos Chelo y yo, y todo lo demás eran hombres egipcios.

Nos intercambiamos en ese momento las direcciones, mails y teléfonos con Sherif. Era nuestra última tarde con él. Un momento triste pero alegre a la vez. Triste porque nos despediríamos en poco tiempo. Alegre porque tenía la certeza de que íbamos a seguir en contacto.
Luego pasamos la tarde recorriendo un mercado de Assuan Había pocos turistas, era un sitio muy especial. Yo tenía que comprar una Darbuka para un amigo español y se lo dijimos a Sherif. Nos ayudó a regatear con el chico, y nos dijo disimuladamente cuanto era lo justo pagar por ella. La conseguimos por un precio genial gracias a él.
Estuvimos toda la tarde paseando por el mercado. A las 17:30 fuimos al barco a prepararnos para la salida al Aeropuerto.
Sherif nos acompañó en el Autobús y luego fue un visto y no visto. Bajamos rápidamente y en la puerta del Aeropuerto, los guías que venían a El Cairo nos metieron mucha prisa y la despedida con Sherif fue de dos segundos. En el fondo creo que casi mejor así. Si hubiera sido una despedida de las de verdad probablemente habría soltado más de una lágrima. Pocas veces se conoce gente tan buena y tan de verdad. ¡HASTA SIEMPRE HABIBI!!
El avión salió inmediatamente, cuando nos dimos cuenta habíamos llegado a El Cairo.
Estábamos camino del Hotel en una furgoneta con otros compañeros que iban a otros Hoteles y nos encontramos con el famoso caos circulatorio de El Cairo. ¡Indescriptible! Esto sí que es una de esas cosas que si lo cuentas nadie puede imaginar en su magnitud. Yo no tengo carné de conducir, y me sorprendía, pero Javi, que sí conduce, si que estaba echándose las manos a la cabeza. En dos carriles había cuatro filas de coches, nadie se paraba en las esquinas ni en los semáforos, nadie tiene preferencia, todo el rato suena el claxón de todo el mundo… y los peatones se lanzan a cruzar la calle, me atrevería a decir que, sin mirar… ¡qué locura!
Hotel Pyramisa

Fuimos las dos únicas personas en quedarnos en el Hotel Pyramisa, por lo tanto tuvimos un Representante de la Agencia en el Hotel sólo para nosotros dos. Taher se llama. Es un chico fenomenal, tan atento que parecía a veces demasiado, pero se lo agradecimos mucho. Siempre estaba preguntando “¿Qué tal?”¿Qué tal hotel, barco, salidas, excursiones, habitación, comida…? ¿Qué tal todo?

Taher nos dijo las horas de las excursiones del día siguiente y nos fuimos a la cama directamente. Llevábamos cansancio acumulado, Javi estaba aún un poco malito y yo empezaba a coger un resfriado enorme.
El Hotel muy bueno, buen servicio, buenas habitaciones, y muy bien el desayuno.
Terminaba nuestro quinto día en Egipto, acabábamos de llegar a El Cairo y otra vez comenzaban los nervios ante lo nuevo. Era como empezar un viaje de nuevo. Nuevo guía, nuevo Hotel, nueva ciudad… y por fin pudimos descansar una noche entera, sin ruidos raros que nos acompañasen, en total silencio y… y nada más, en 2 segundos estábamos dormidos. Ni nos molestamos en cenar.