El camino era larguito, e íbamos mirando todo lo que veíamos a nuestro paso. Empezó a llover. ¡Qué curioso!, lloviéndonos en El Cairo, una foto muy especial.
Camino de Menphis tuvimos una pequeña aventurilla, y es que vimos que el conductor se iba durmiendo… me di cuenta por que lo vi por el retrovisor y se lo comenté a Javi. Se lo dijimos a Horus para que le hablase, porque el pobre hombre se iba dando hasta golpecitos en la cara de lo mal que lo iba pasando. Por lo visto, según le dijo a Horus, había pasado toda la noche en el Aeropuerto esperando un avión y no había dormido. Horus se reía de la situación, que a mi me parecía bastante seria. “Tracuilos que vais a llegar vivos en España”. ¡Qué miedo pasamos hasta llegar al museo! Y sin saber nada de su idioma para poder hablarle…
Pirámide escalonada de Sakkara

Llegamos al museo e hicimos una visita guiada con Horus. Lo que más nos gustó fue la estatua que había tumbada de Ramses II. Era una perspectiva singular, y la podías ver muy de cerca, y desde distintos ángulos. Problema: ¡con las prisas nos habíamos dejado la cámara en el Hotel! Ni una sola foto tenemos de Menphis ni de Sakkara. Bueno, en realidad solo una que hizo Javi con su móvil... Pero bueno, este es un buen motivo para tener que volver en otra ocasión.

Salimos del museo y nos dirigimos hacia Sakkara.
Allí vimos algunas tumbas de nobles y la pirámide escalonada. Particularmente me gustó mucho la visita a la Pirámide escalonada. Horus nos contó algunas cosas, pero nosotros recordamos también las explicaciones que Sherif nos había dado. Y estuvimos un rato paseando por allí. Por cierto, esta vez era yo la que tenía fiebre… estuve todo el día estornudando, pero me tome unas pastillitas, porque en Egipto no vale ponerse enfermo, y a aguantar.
Bajamos a la cámara funeraria de una de las pirámides menores que se encuentran en el recinto y como siempre tuvimos un rato libre para pasear y ver todo tranquilamente.
De vuelta a El Cairo, pasamos por una escuela de Alfombras (a la salida de Sakkara) y vimos cómo las tejían. Parecía a cámara rápida y eran preciosas. Pero no compramos ninguna.
Y así, tan rápido, se pasó la mañana.
Mezquita de Alabastro

Horus nos llevó a comer a un sitio muy chulo, a la orilla del Nilo en El Cairo, pero casi no comimos porque era otra vez bufet y estábamos un poco hartos. No es que no recuerde el nombre del restaurante, es que ni me enteré (la fiebre me tenía atontada).

Fuimos a recoger a Chelo y Rafa y pasamos por nuestro Hotel para recoger la cámara olvidada.
Íbamos a la ciudadela y la Mezquita de Alabastro.
En la mezquita nos descalzamos, como señal de respeto. Horus nos habló de las tradiciones musulmanas, sus rezos, fiestas y nos dejó tiempo libre. Mientras, él quería rezar, pero al final se sentó un rato con nosotros porque no había agua cerca para purificarse, y entonces no podía hacer el rezo.
El Cairo

Desde el mirador teníamos una vista panorámica de El Cairo. Majestuoso.

Salimos para el famoso mercado Khalili y allí Horus nos dejó tiempo libre hasta las 18:00. Eran las 16:00. No era mucho tiempo teniendo en cuenta lo enorme que es.
Empezamos a recorrerlo los 4 juntos, pero al final nos separamos porque Rafa y Chelo ya lo habían visto el día anterior y nosotros llevábamos otro ritmo.
Es una aventura, absolutamente todo el mundo en todos los puestos te habla todo el rato. En 5 minutos tienes la cabeza loca. No sabes donde estás ni qué quieres comprar y qué no. ¡Divertidísimo!.
En esas dos horas compramos solamente un pectoral de Cleopatra (soy profesora de Teatro y me va a venir bien para una obra que haré con los niños este año) y una pandereta. Todo a muy buen precio porque como es nuestro último día ya sabemos regatear más o menos bien. ¡Qué pena que nos vayamos justo ahora!
El mercado de Khan al Khalili (Chelo, Azu y Rafa)

Nos tomamos un té en un bar de la placita del mercado y aunque tienen carta con precios, también tuvimos que regatear, porque según el camarero, 8 L.E. + 4 L.E. y el 10% de servicio hacían un total de 30 L.E.… al final conseguimos pagar sólo 15 L.E. nos sorprendió mucho tener que regatear también aquí.

Llegamos al Hotel y nos despedimos de Horus. Buen guía.
Allí hemos quedado con Taher para darnos los billetes de regreso y contarnos a qué hora era la salida.
Tan amable como siempre nos espera y lo confirmamos todo. Le contamos que nos apetecería cenar algo en el Hotel pero no comida del propio Hotel. Y se ofrece a acompañarnos a un Kebab que hay cerca de su casa. Paseamos por El Cairo con Taher y un amigo suyo. Su amigo no habla español pero charlamos los cuatro como podemos con traducciones de Taher.
El sitio es muy pintoresco, nadie habla español, no es para turistas y Taher se queda con nosotros allí. En relidad, es el sitio más cutre de El Cairo. Taher nos explica que es un 'Take away' y nos pregunta si queremos ¡un kilo de Kebab o sólo medio! Al final pedimos "solo" un cuarto para cada uno. Nos sirven el Kebab y pagamos. Taher intermedia todo el tiempo, para que nos traten bien y para hacer de traductor. Además ¡nos acompaña otra vez al Hotel! Parece que le da miedo que nos pase algo por ir solos, a nosotros eso nos hace mucha gracia. Se siente responsable. Por cierto, es buenísimo vernos cruzar las calles con él. Nos engancha del brazo a Javi y a mí y no nos suelta hasta que estamos bien seguros en la acera.
Cenamos en la habitación del Hotel el exquisito Kebab conseguido gracias a Taher y hacemos memoria de estos días.
Este es el mejor viaje que hemos hecho hasta ahora y el que más rápido se ha pasado. No queremos volver todavía, nos queda mucho por ver y mucha gente por conocer. Pero las obligaciones nos están llamando desde España y el avión sale muy temprano, así que nos vamos a dormir prontito. Demasiado pronto, tal vez, para ser nuestro último día.